El otro San Luis
[22/11/2006 5:53 am]
La primera visita

Una mañana de febrero de 1920, cuando el sol del domingo enriqueció el cielo de Antofagasta, mi padre me condujo lejos de casa para una operación que, entonces, me resulto dolorosa en la dulce paz de mi infancia: 

- Te matriculare en el colegio de los padres alemanes. Ya es hora que principies a estudiar.

Estas palabras me desconcertaron: ¿que haría en el colegio, además de sufrir, estudiando... ? ¿Quienes eran "los padres alemanes"...? ¿Por que se rompa, súbitamente, la ociosidad en que corrían mis siete años...?

No hubo replica. De la mano de mi padre, entre al colegio "San Luis", el que se hallaba en la calle Baquedano, casi frente a la policía. Temblaba, no puedo negarlo: temblaba sobrecogido por el mundo que, ahora, se me venia encima:

- Este es mi hijo - explico papá, sonriéndole al Padre Blümel:

- Aquí se hará un hombrecito.

El Padre Blümel contesto, como si dispusiese, completamente, de mi ¿ Y si no deseaba ser "un hombrecito", sino prefería seguir siendo un niño? 

Yo miraba a en mi entorno los retratos, los diplomas, las cosas, que, ahí, en el escritorio del Padre Rector, me comenzaban a señalar cuales eran los pasos que debía dar para alcanzar el fuero de hombrecito.

Esta riqueza de hogares no me alegro. Salimos a la calle. Me sentía disminuido, como si me hubiesen arrebatado algunas alas del alma. Distante, el mar alzaba sus naipes azules, los naipes de mi suerte. 

El señor Gomez.

- Niños - hablo aquel joven nervioso, bajo y moreno- yo soy el profesor de aritmética. Espero  que todos serán buenos alumnos. Nos divertiremos bastante, jugando con los números. Lo verán, lo verán... 

No recuerdo que ninguno de los que oímos el discurso de primer día de clase, jugáramos nunca con los números, ni lo intentáramos. Los números son fuerzas diabólicas, entretenidas en torturarnos con la fina lanza del 1 y de engrillarnos con el hierro del 8.

El señor Rojas. 

Fue el primer Luis Rojas González que conocí. Después este Luis Rojas González se me volvió cien rostros distintos y un solo nombre no más...!

El "señor Rojas", elegante y ceremonioso, doctorado por sus anteojos, se encargo de conducirnos, paso a paso, por las cimas de la lectura y las simas de la escritura. Nuestro texto se llamaba, precisamente, "Paso a paso", y escribo "cimas de la lectura”, porque siempre rodábamos, viniéndonos abajo de las líneas, y “simas de la escritura”, pues las líneas se nos escapaban hacia el cielo de las hojas de cuaderno.

El Patio

Era pequeño y mostraba, al fondo, una horrorosa escena de boy-scouts, pintada, ahí, seguramente, para estimular nuestros afanes heroicos. En lo alto de este cuadro, se hallaba el comedor de los internos. Estos, al subir la escala, pensaba que, de verdad, ascendían al cielo: ¡ el cielo era un plato de porotos y una porción de huesillos con mote!

Clase de religión.

El padre Albino Zegers se encargaba de fortalecernos en doctrina. Nos aleccionaba, exhibiendo cuadros en los que los pasajes bíblicos fulgían en colores. De todas las visiones, la de Eva, en cueros, como una artista frívola de hoy, me resulto inolvidable. Nuestra Madre resplandecía en rubiez y sus pechos eran poderosos, como que lactaron a la Humanidad!

Andrés Sabella, Anuario 1981


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